Mont Blanc en Primavera

Sueño de muchos, deseo de todo alpinista, fortuna la mía por estar ahora relatandolo como una historia; a veces las oportunidades aparecen cuando menos las esperas, y una como esta no se podía dejar escapar. Tan solo 3 meses fueron suficientes para concretarlo, tres difíciles meses de intensa logística, coordinando vuelos, tarifas, hospedaje, itinerarios, escalas, en fin toda una odisea para tres personas viviendo en tres países diferentes y distantes, que una tarde decidieron juntarse para intentar el techo de Europa Occidental, el mítico y emblemático Mont Blanc en Primavera.

Nuestra aventura comienza la última semana de mayo del 2018, a sabiendas de que no era la mejor época para subir el Mont Blanc (la temporada ideal va de del 15 de junio al 15 de septiembre) sin embargo las condicionales laborales del grupo así lo dictaron.

Debido a la época del año en que asistimos, final de la temporada de sky, y antes de la temporada de ascensión al Mont Blanc, los accesos mecánicos a la montaña como el cable tren o las telesillas se encontraban cerradas. Es por ello que decidimos intentar el ascenso al Mont Blanc en primavera por la routa Gouter.

Centro turistico de Chamonix
Centro turistico de Chamonix © Edgar Moya / Traveler Adventure

Día 1: Los alpes en todo su esplendor

Desde el centro de turismo ubicado en Chamonix, tomamos un taxi que nos llevó a “Col de Voza” ( 1650 m) o eso creíamos. El taxi nos cobro 120 euros y nos dejó en la cota de los 1400 m de altura, recién allí nos explico que para ascender al Col hacía falta un vehículo 4×4 que él no disponía.

Desde allí, comienza un camino que serpentea por la montaña, rampas poco pronunciadas y con una vista genial, amplias y floreadas praderas propias de la época, árboles frondosos característicos de la zona y al fondo el macizo de montes nevados en el que destaca por supuesto el Mont Blanc, osea los alpes en todo su esplendor. Luego de 1 hora de caminata (esa que golpea las piernas mientras calienta el cuerpo) llegamos a Bellevue (1800m), ajustamos cargas y desde allí seguimos las vías del cable tren rumbo a Nido de Águila. Una hermosa vía que corre al costado de la montaña y con la vista siempre puesta en el gigante blanco que domina el paisaje.

Siguiendo las lineas del tren desde Col de Voza. Al fondo se aprecia la rampa nevada que conduce a Nide d Aiguile © Edgar Moya / Traveler Adventure
Siguiendo las lineas del tren desde Col de Voza. Al fondo se aprecia la rampa nevada que conduce a Nide d Aiguile © Edgar Moya / Traveler Adventure

Continuamos con normalidad, según lo previsto hasta llegar a Mont Lachat (2115m), allí nos encontramos con una sorpresa (la primera de muchas), el tramo que sigue hasta Nido de Águila (2380 m) se encuentra cubierto de nieve, formando incluso unas inclinadas rampas, que en caso de caída podría ser fatal. Cambiamos a botas rígidas y crampones, guardamos silencio y concentrados empezamos a superar los tramos. Nunca nos encondarmos, la nieve era tan blanda, que sería imposible detener una caída de la cordada. En vez de un accidentado podríamos ser tres.

Nido de Aguila

Con paso firme y seguro, llegamos a Nido de Águila, una meta parcial para el primer día, desde allí seguimos las huellas en la nieve y nos dirigimos hacia Tete Rousse. A medida que íbamos ascendiendo la nieve se tornaba más blanda, cada paso se hundía más y llegamos a una bifurcación en el camino. A la derecha una rampa muy pronunciada que subía directamente a Tete Rousse, en la cual se veían restos de una pequeña avalancha, y a la izquierda un camino que iría por una fila rocosa. De inmediato entre el cansancio y el ritmo lento que nos imponía la nieve, decidimos ir por la fila.

refugio Des Rognes
Vista desde el refugio Des Rognes. En verano todo este tramo es de roca. © Edgar Moya / Traveler Adventure

Al subir un poco en la dirección de las rocas, observamos una pequeña casa no muy lejana. Por la hora y las pocas energías, decidimos dormir en ella. De mañana la nieve está mas consistente y puede rendir mejor el paso de la caminata. Aquella casa resultó ser el refugio Des Rougnes, con más de 100 años de antigüedad, fue una bendición encontrarlo abierto. Es un refugio de 2 niveles, con un par de literas, lamentablemente estaba algo sucio por la basura de los excursionistas. Sin más comodidades, pero con unas vistas increíbles del atardecer sobre el valle de Chamonix, terminó nuestro primer día.

Día 2: Una tormenta se avecina

Partimos temprano por la mañana, con la esperanza de que el frío de la noche hubiese hecho su trabajo, pero con el primer paso nos dimos cuenta que eso no pasaría. Tomamos la arista que habíamos visualizado el día anterior, y con precaución comenzamos a subir. En estos tramos del viaje, todas las imágenes que habíamos visto eran en seco, pero a nosotros nos acompañaba más de 1 metros de nieve. La arista en condiciones mixtas presenta pasos expuestos y el avance es lento, estando muy concentrados, observamos algunos túmulos o cruces en homenaje a algunos de los caídos en el pasado, un recuerdo de la naturaleza de nuestra actividad.

Tete Rousse

Al terminar la arista, se llega a una explanada donde es posible seguir rumbo a Gouter o a Tete Rousse, nos dirigimos a la derecha, a Tete Rousse. Allí comimos un poco, descansamos un rato y partimos hacia Gouter, no sin antes haber chequeado el reporte meteorológico. No eran buenas noticias, pero lo intentaríamos.

Refugio Tete Rousse © José Llovera / Traveler Adventure
Refugio Tete Rousse © José Llovera / Traveler Adventure

Desde Tete Rousse se puede ver claramente la bolera, un largo corredor por el que caen desprendimientos constantemente, convirtiendo este tramo de unos 50 metros en uno de los sectores con mayor indice de accidentes. También se observa la arista Gouter y los refugios (el viejo y el nuevo) que cuelgan sobre la montaña de forma surrealista en aquel inmenso manto de nieve, roca y hielo. La huella en la nieve está bien marcada, partimos rumbo a la arista, la nieve profunda dificulta los pasos, da envidia ver la facilidad con la que suben los esquiadores (hay que aprender a esquiar), pronto nos topamos con la famosa bolera, al estar tan cargada de nieve los desprendimientos de roca no son un problema, pero el estado de la misma si lo es. Con pasos profundos y nieve a la rodilla cruzamos dicho paso.

Grand Couloir. Mont Blanc en primavera
Paso de la Bolera. Punto crítico en el ascenso al Mont Blanc © José Llovera / Traveler Adventure
Arista de Gouter

De allí en adelante empieza la arista de Gouter rumbo a la meta de esta ocasión, llegar al Mont Blanc en Primavera. Al estar cargada de nieve, se torna en una trepada mixta, roca y nieve en mal estado. El ascenso en ella está protegido al comienzo y al final por cables de acero tipo “Vía Ferrata”, las cruces y túmulos aparecen nuevamente y el ascenso lo realizamos con pasos firmes y seguros, con mucho cuidado y tratando de estar bien concentrados. A mitad del ascenso vemos como el clima cambia y las nubes negras ponen rumbo hacia nosotros. Da algo de miedo, una tormenta se avecina y nos recuerda cuan difícil se convierte una montaña al cambiar sus condiciones climáticas.

Minutos después una fuerte ventisca nos golpea con fuerza, disparando hielo contra nuestros rostros, cambiamos de gafas de sol a mascaras de ventisca, tercera capa corta viento de refuerzo. Batallamos para no perder el equilibrio sin detener nuestro ascenso, afortunadamente la tormenta fue relativamente breve, sin embargo las ráfagas de viento continuaron de forma esporádica con menos intensidad.  De haber continuado la tormenta algunas horas, otra historia sería contada sobre este Mont Blanc en Primavera.

Arribo al refugio Gouter © José Llovera / Traveler Adventure
Arribo al refugio Gouter © José Llovera / Traveler Adventure
Refugio Gouter

La vía ferrata llega nuevamente, los cables se encuentran parcialmente enterrados en la nieve. Finalmente llegamos al viejo refugio. Un poco más adelante y bastante agotados, fríos, cubiertos de nieve, entramos en el nuevo refugio Esa estructura moderna, cual nave espacial que parece colgar de la montaña. Una vez dentro, preguntamos por el reporte para el día de cumbre, nada alentador, tormenta a partir de las 8 am. (este reporte lo puedes ver en la pagina web de Chamoniarde)

Luego de meditarlo, y debatirlo decidimos atacar al día siguiente, con la esperanza de estar de bajada a esa hora. Después de tres meses de logística, sacrificios, entrenamientos exigentes, cruzar el océano y muchos kilómetros de vuelo, no íbamos a rendirnos sin agotar nuestras fuerzas y esperanzas. Un objetivo estaba claro desde el inicio: La seguridad ante todo, solo esto nos podría detener. Y no es poca cosa!

 

Continuará…

 

4 thoughts to “Mont Blanc en Primavera, aproximación por Gouter

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.